viernes, 27 de marzo de 2015

El Madrazo


Evocación del ser mas  apreciado del arbitro por parte de un fanático del fútbol cuando no sanciona  faltas, penales y goles a favor de su onceno. Se da también cuando  sanciona   un fuera de lugar,  una tarjeta roja  o un tiro libre en contra del real Madrid.
Esta manifestación un poco animal es un rugido, un bramido explosivo y profundo, un sonido forzado a través de la boca abierta. Lo producen las  jugadas  nombradas y aumenta  el volumen a  medida que  va avanzando  el tiempo de juego.
El madrazo  se genera fundamentalmente por la vibración del hioides, un pequeño hueso flotante (no articulado al resto del esqueleto) en la garganta, no completamente rígido ni en los adultos. Popularmente se cree, por tanto, que la capacidad de recordarle  la madre a los árbitros viene determinada por la osificación parcial del hioides, pero nuevos estudios afirman que esa capacidad precisa también adaptaciones morfológicas, sobre todo en la laringe y en las cuerdas vocales. La onza sí tiene el hioides  pero no el mismo grado de desarrollo de las adaptaciones en la laringe y las cuerdas vocales que el resto de los grandes felinos, lo que determina su incapacidad de rugir.
Esta  manifestación de los  hinchas  se vuelve más  sonoro  si se reúnen las  personas en  la  barra del bar y en la sala de la casa pero adquiere un impacto  profundo cuando es en la tribuna de un estadio donde  juegan equipos argentinos.
En caso de que  los madrazos no surjan efecto los hinchas acuden a otros recursos. Está  el  silbido un sonido agudo, resultante de hacer pasar un soplido a través de los labios fruncidos introduciendo, ayudándose, o no, con los dedos, los cuales pueden colocarse de cierta manera dentro de la boca o bien agarrar los labios que se aplica cuando el juez central hace  la  pausa después de terminar el primer tiempo del partido. También   lo  aplican las barras bravas para  exteriorizar  el enojo de este señor  por su trabajo en la cancha.